Picota de Presencio

Picota de Presencio

viernes, 16 de marzo de 2012

LA CARRERA DE RELEVOS


Día tras día, con machacona insistencia, se nos repite desde todas las instancias oficiales , de los foros o medios de comunicación, la pertinaz letanía de que la crisis galopante que nos inunda, proviene en gran medida de la desaforada carrera emprendida por todos, para acomodarnos a un tren de vida que nos hemos querido adjudicar, antes siquiera de ser merecedores de ello.

La meditación de nuestros años de pubertad y juventud, la forja de la personalidad que nuestros padres nos imprimieron, junto con el sistema educativo rígido, firme y recto de nuestros educadores, hicieron posible, junto con las carencias manifiestas de aquellos tiempos, que podamos conservar en nuestra memoria y para el resto de nuestros días, las cosas buenas que surgieron de las dificultades. Ellas son la prueba de nuestra capacidad,que a la postre nos infundieron la confianza ante cualquier obstáculo.

Sin embargo, aquellos esfuerzos que nos fueron impuestos, aquellos sacrificios que nos vimos obligados a superar, y que nosotros asumimos, llevaron consigo, un sentimiento de paternalismo, que con la evolución de la vida y la deriva impuesta por las comodidades, y el legítimo deseo de liberar a nuestros descendientes de esas penurias por las que antes navegamos, nos enfiló peligrosamente hacia unos principios hasta ese momento impensables.
Desataron la ansiedad por "tener", por "disfrutar", por "viajar" y ser poseedor en definitiva, de todo cuanto en nuestros tiempos no estaba a nuestro alcance porque antes de disfrutarlo, había que ganarlo. ¿Quien se atrevía a comprar algo, si previamente no había ahorrado el dinero necesario para adquirirlo?, ¿Quien osaba iniciar un viaje sin haber pasado tiempo juntando el importe de él?. ¿Cómo se podía siquiera pensar en la compra de una casa cuando estaba fuera de nuestro alcance?.

Pero se abrió el abanico del consumismo, afloraron los pagos aplazados, las tarjetas de crédito invadieron con tentadoras ofertas, la incitación al desbordado " Y yo también", poco a poco se ha ido hipotecando por entero la vida de quienes antes limitaban sus aspiraciones a sus posibilidades.

Nuestra generación inmersa en la cultura del trabajo, del esfuerzo, de la lucha individual por ganarse la vida, cifraba su meta en conseguir cuanto antes, no sin dificultad - eso nunca-, la independencia de su destino, anhelaba la cosecución de la liberación en el entorno protector del manto que les cubría por completo bajo la tutela de sus mayores. ¡Se ha hecho un hombre!, se decía al regreso de hacer el servicio militar en unos casos, al terminar los estudios en otro, y en todos, el factor común,"crear un hogar". Era salir de un sacrificio y sumergirse en otro inmediatamente. Siempre era uno mismo con sus propios medios, si bien, la ayuda y la protección tenían bien marcados los tiempos.

Todos hemos sido un poco culpables del resultado, nosotros por el excesivo proteccionismo, ¿quien no ha dicho o pensado, mis hijos que no pasen por lo que yo tuve que luchar?, ¿acertamos, en ese criterio?,¿ Les impulsamos a una vida más regalada?, ¿Les acostumbrados a disfrutar de las bonanzas de la vida antes de enseñarles a ganárselas?. ¿Donde están aquellos principios de interés por crear un nuevo hogar?, ¿Dónde está el espíritu de sacrificio que nosotros habíamos forjado?.

Todo está a su alcance sin apenas esfuerzo, viven en nuestras casas hasta límites que se hacen insostenibles, se hacen los remolones para seguir en los hogares que tanto esfuerzo nos costó a todos construir ; los principios éticos y morales que fueron bandera y guía nuestra, han desaparecido, pero la bola de nieve lanzada desde los más altos oteros de la complacencia, sigue rodando, sigue engordando, y sigue aplastando a cuantos coge por delante.

Y lo peor, es que un buen día, el mecanismo global del crédito, de la abundancia y el despilfarro, se colapsa, se autodestruye y las costumbres adquiridas se hacen ya desmedidamente pesadas, nadie es capaz de soportar el sistema, todo lo que parecía al alcance de la mano, de pronto desaparece, ellos, si se fueron, vuelven al nido paterno, buscan refugio en aquellos que necesitaron toda una vida para crearse un cierto bienestar, a base de esfuerzo y sacrificio. Aquellos no supieron lo que eran vacaciones, no pudieron tener coche hasta bien avanzada su vida, no pudieron tener televisores, ni móviles, ni dejaron jamás de trabajar, hasta que sus fuerzas les abandonaron, entonces, con el presumible premio obtenido a toda una vida, han de compartir en la mayor parte de las veces, ese premio con quienes tal vez, ni siquiera entiende el porqué de la existencia sacrificada de "los viejos".

La vida en definitiva, no es una carrera de relevos, se acostumbraron a vivir partiendo desde el último tramo de la carrera, no entendieron que para llegar hasta allí, hubo quienes paso a paso recorrieron el mayor y más difiícil camino de ese desafío con tesón y una infinita paciencia, que les costó toda una vida. No entendieron que no es posible entregar el testigo del resultado final de su gestión, para que ellos inicien su periplo.

Estas reflexiones  me traen a la memoria aquella frase de  -George B. Shaw -, que decía: " Si has construido un castillo en el aire, no has perdido el tiempo, es allí donde debía estar. Ahora debes construir los cimientos debajo de él.                               
                    
EL BARDO. 

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